¡Bienvenidos al pulmón lúdico del planeta! La Selva Amazónica no es solo el pulmón del planeta, también se convierte en el escenario perfecto para que nos convirtamos en los próximos héroes y heroinas de la conservación. En el juego de mesa Vida en el Amazonas, nos plantea exactamente eso, liderar una organización científica para restaurar la jungla, promover la biodiversidad y crear un ecosistema tan armonioso que hasta el perezoso deje de bostezar de aburrimiento.

Vida en el Amazonas es un juego de la editorial Delirium Games, siendo la ópera prima del autor Jamie Bloom. Combina la belleza de la naturaleza con una receta mecánica que mezcla construcción de bolsa, colocación de losetas y creación de patrones. Todo ello, coronado por un desfile de animales de madera que querremos adoptar en nuestro ecosistema para cuidar, conservar y hacernos con todos.

Número de jugadores:1 – 4
Duración:60 – 150 minutos
Edad mínima:14 años
Género:deckbuilding
colocación de losetas
construcción de patrones
set collection
Complejidad:2,83 / 5
Editorial:Delirium Games
Diseño:Jamie Bloom
Ilustración:Sophia Kang
Precio recomendado:67,46€

¿De qué va el juego de mesa Vida en el Amazonas?

Vida en el Amazonas se toma esa frase demasiado en serio, haciéndonos vivir una experiencia inmersiva en esta selva. Nos rodea de tucanes, ranas, jaguares y árboles (muchos árboles), y nos convierte en los organizadores de un programa de conservación que intenta restaurar el ecosistema más rico del planeta.

Además, debemos lograr que nuestro rincón de la selva destaque sobre el de los demás. Para ello, iremos colocando losetas de terreno, plantando árboles y flores acuáticas, y atrayendo animales que puntúan según su hábitat natural. También compraremos recursos, optimizaremos nuestra bolsa y ascenderemos en la Cascada de la Vida para ganar bonificaciones. Todo gira en torno al bag building: robamos fichas, ejecutamos acciones y, como en todo buen motor, primero mejoramos nuestras opciones… y luego hacemos que nuestra jungla puntúe más que la del resto.

Se juega por turnos, en los que robamos 5 fichas de nuestra bolsa (monedas, hojas, agua y frutas, con diversos valores) y las usamos para realizar estas acciones:

  • Comprar fichas de recurso.
  • Colocar 1 loseta de terreno.
  • Colocar 1 árbol.
  • Colocar 1 flor acuática.
  • Colocar 1 animal.
  • Comprar 1 carta de naturaleza (paisajes o insectos).
  • Expandir almacenamiento.
  • Comprar bonificaciones (recolocar, compostar, semillas o fichas de terreno especial).

Todo lo que compremos va a la barca de descarte, y cuando nuestra bolsa se vacía, volcamos la barca y vuelta al ciclo. Así, montaremos un motor que nos haga sentir cada vez más poderosos. La partida termina cuando se agotan 5 animales distintos (usando todos sus meeples), otorgando 5 puntos al jugador que forzó el final. Luego se puntúa por todo lo que hemos logrado: animales, paisajes, tracks de la cascada y semillas.

Entre extracción de recursos de la bolsa, creación de biomas y un espectáculo de flora y fauna, cada turno se convierte en un pequeño rompecabezas sobre cómo expandir nuestro hábitat y a la vez preparar combos para los animales que queramos atraer. Y sí, hay muchos animales… y todos quieren cosas distintas. Satisfacer sus necesidades, así como progresar en la conservación de la naturaleza salvaje es nuestra principal forma de puntuar.

Como he mencionado, en Vida en el Amazonas construiremos nuestra propia jungla personal, loseta a loseta, mientras gestionamos recursos que extraemos de nuestra bolsa. Cada tipo de recurso sirve para algo distinto:

  • Hojas: expandir tu territorio y plantar árboles.
  • Agua: colocar flores acuáticas y comprar cartas de insectos o paisaje.
  • Frutas: seducir a animales como el guacamayo, el caimán o los tamarinos.
  • Monedas: comprar fichas más potentes o bonificaciones especiales.

La gracia está en decidir qué recursos incluir o eliminar de nuestra bolsa para acelerar nuestro motor, porque si la llenamos de fichas de valor bajo, tardaremos en que vuelva a circular lo bueno. Pero si la afinamos demasiado, podríamos quedarnos corto para ejecutar ciertas acciones. El arte del bag building en su máxima expresión.

Pero, ¿y los animales? Esas preciosas figuras que llaman la atención desde la apertura de la caja. Ellos son el corazón del juego. Cada especie tiene 4 patrones diferentes, basados en su comportamiento real, los pájaros carpinteros buscan árboles, los caimanes prefieren el agua, las ranas viven cerca de flores acuáticas… Una maravilla que combina mecánica y tema con gusto.

Y todo ello, a través de una carrera con nuestros rivales de juego, el Amazonas no es tan pacífico. Si alguien se lleva el último ejemplar de un animal, nos quedaremos sin él para el resto de la partida. Y créeme, duele mucho ver cómo nuestra estrategia se destroza o cómo el contrincante ha conseguido su objetivo delante de nuestra narices, mientras estamos obsesionados con otras especies o floras.

Reseña del juego de mesa Vida en el Amazonas

Hay juegos que intentan llevarnos a otros mundos… y luego está Vida en el Amazonas, que nos coloca en medio de la selva más viva del planeta y nos dice: “Hacedla florecer mejor que nadie”. Con una experiencia de juego que no es solo estratégica, es casi contemplativa, pasas de un tablero vacío a un ecosistema rebosante de fauna, flores y árboles que encajan entre sí, como si estuvieras reconstruyendo el equilibrio natural del propio Amazonas.

Lo primero que temáticamente llama la atención es lo coherente que resulta todo. Las ranas puntúan cerca del agua, los pájaros necesitan árboles, el jaguar exige espacio para merodear… nada está puesto porque sí. Y eso ya coloca al juego en esa liga especial en la que no solo juegas mecánicas, sino que las sientes integradas con lo que representan. Mientras que para muchos esto no es importante, para otros nos hace disfrutar más del juego.

Pero no nos engañemos, pese a su aspecto amable, Vida en el Amazonas no es precisamente un juego ligero, es un eurogame que tiene ese toque engañoso, parece un puzle amable, pero conforme pasan los turnos vemos que estamos gestionando recursos, optimizando patrones, afinando nuestra bolsa y planificando territorios a corto y largo plazo. Y sin poder perder de vista a los contrincantes, que se nos pueden adelantar en la disputa o fastidiar nuestra estrategia si no estamos avispados.

Una de las sensaciones más interesantes del juego es ese equilibrio entre paz visual y tensión estratégica. El tablero crece de forma orgánica, los colores se expanden y nuestra selva se vuelve un mosaico precioso… pero por dentro estamos haciendo cálculos, revisando nuestra bolsa y decidiendo si renuncias a recursos valiosos para comprar la loseta exacta que encaja en nuestro diseño ecológico o es mejor incorporar en nuestro hábitat ese animal que también le interesa al oponente.

El sistema de bag building es uno de sus grandes virtudes, empezamos con unas fichas modestas y, poco a poco, nuestra bolsa se convierte en un instrumento afinado. Cada compra importa, cada ficha que retiramos limpia nuestro motor y cada acción representa un pequeño empujón hacia ese turno en el que todo encaja. Tiene toques del juego de mesa Pócimas y Brebajes, pero aquí no hay explosiones ni caos, hay control, precisión y una sensación muy satisfactoria de crecimiento, es decir, es más controlado y menos festival de azar.

Además, mezcla esta construcción de bolsa, con la colocación de losetas y patrones de puntuación. Todo ello en un combo que nos puede recordar a otros juegos de mesa como Cascadia (también va de patrones y naturaleza, pero es un puzle más relajadito, mientras que Vida en el Amazonas es más denso, más estratégico y exige construir un motor de recursos) y Dominion (por la importancia de construir un motor eficiente desde una bolsa que vamos moldeando turno tras turno).

Asimismo, la colocación de losetas no solo sirve para construir el mapa, es una batalla silenciosa por encadenar bonus, abrir espacio a los animales y maximizar patrones. Todo está conectado, literalmente, como en una red ecológica, o eso debemos intentar, crear combos ventajosos. Y no siempre, lo más rentable es hacer el terreno más grande, sino ajustarnos bien a nuestros objetivos o necesidades puede ser más rentable.

Y en medio de este equilibrio también está la cascada de la vida, 4 tracks que no solo aportan puntos, sino mejoras, bonificaciones y recursos. Es tentador subir en todos, pero casi imposible. Por lo que tendremos que optimizar nuestros turnos y decisiones, para hacer brillar nuestro ecosistema, sin quedarse en una futura promesa, ya que el resto pueden acelerar el fin de la partida.

Pues, Vida en el Amazonas tiene una interacción leve, pero significativa. No vamos a bloquear zonas ni destruir el ecosistema del rival, pero sí competimos por animales, cartas, mejoras y por cerrar la partida para pillar a los oponentes desprevenidos. Por tanto, vivimos una carrera silenciosa, en la que tenemos que mirar de reojo qué hace el de al lado si no queremos quedarnos sin ranas o sin jaguar justo cuando estábamos preparando su terreno y requisitos en nuestra selva.

En cuanto a la producción, hay que reconocer que los meeples de animales son espectaculares, el arte de las cartas muy bonito y las cajas de organización de los recursos son muy prácticas. Sin embargo, el cartón es más fino de lo deseado, siendo elementos frágiles la cascada (que tenemos que montar y desmontar), árboles y barcas de descarte.

La rejugabilidad es amplia, no solo porque la configuración del mapa cambia, depende de nuestra estrategia, sino porque también los animales tienen patrones distintos, que ofrecen diferentes formas de puntuar. Aunque es cierto, que tampoco hay mucha variedad, quizás pronto aparezca una expansión en el mercado.

La sensación de juego nos puede parecer siempre igual, mejorar bolsa, construir y atraer fauna o flora, pero el camino para llegar ahí es variado, para mantener el interés de unas partidas a otras. No obstante, Vida en el Amazonas nos obliga a cuadrar patrones, estudiar el terreno y decidir dónde invertir para puntuar mejor.

No es tan familiar como parece y ofrece un nivel táctico que recompensará a quienes busquen la opción más rentable y fructífera. Es un euro precioso, profundo y muy satisfactorio, capaz de ofrecer partidas con una sensación de evolución constante, pero ¿será suficiente para ganar? La selva nos llama, tendremos que prepararnos para disfrutar… pero también para pensar, optimizando nuestros turnos de juego.

Pros

  • Ambientación: temática muy bien integrada, en la que cada animal es fiel a sus instintos para puntuar con sus patrones y se requiere crear un ecosistema coherente, a la par que evocador. Además, cuenta con meeples de animales muy llamativos y característicos.
  • Rejugabilidad: Vida en el Amazonas cuenta con una buena variabilidad en sus cartas, patrones y con una bolsa en evolución que puede ser planteada con diferentes estrategias, lo que cambia nuestra visión de juego.
  • Estratégico y combos: con una mezcla de mecánicas profundas y satisfactorias, creando sinergias entre bolsa, patrones y losetas. Cada decisión es importante y puede hacernos desencadenar efectos.

Contras

  • Análisis parálisis: cada paso que demos en esta selva requiere de concentración táctica, por tanto a 2 jugadores, existe menos entre turno que a más jugadores, y sobre todo si hay algún jugador que le guste analizar cada posible efecto, alargando en exceso la partida.
  • Calidad cartón: aunque la producción de los meeples y cajas de organización es un gran plus, los componentes de cartón no están a la altura, siendo muy finos y con mal prensado, ya tenemos algunos árboles tocados, así como con dudas sobre la fragilidad de la cascada y barcos, aunque por ahora se conservan bien.
  • Interacción: en Vida en el Amazonas hay confrontación, pero es más sutil e indirecta que lo que le puede gustar a algunos jugones. Aquí, para fastidiar al rival tenemos que hacerlo a conciencia y con paciencia, aunque se pueden robar cartas de puntuación, losetas o el último meeple de una especie, lo que nos hará ganarnos la enemistad de algún rival.

Mi veredicto

Si algo deja claro Vida en el Amazonas tras varias partidas es que estamos ante un juego que entra por los ojos, pero se queda por su toque estratégico más profundo del esperado con gestión de recursos, creación de patrones y colocación de losetas. Además, de la tensión de sacar de la bolsa fichas que nos salven, nos hagan pagar de más o ver cómo no nos salen los recursos que queríamos. A pesar de sacar a ciegas, no hay sensación de caos, sino de control, refinamiento y cálculo. Y eso lo convierte en una experiencia perfecta para grupos que disfrutan pensando, construyendo motores y viendo cómo su ecosistema florece poco a poco. No obstante, la interacción es más indirecta y su número perfecto es a 2 jugadores, para no alargar en exceso la partida. Por todo ello, Vida en el Amazonas se lleva mi emblema de juego de mesa recomendado.

Juego recomendable para una ludoteca estándar
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