En la Francia medieval, las grandes rutas comerciales que atravesaban el corazón del país eran el escenario donde los mercaderes más ambiciosos forjaban su fortuna. Orléans, ciudad enclave en el río Loira, fue testigo de ese trasiego constante de caravanas, barcazas cargadas hasta los topes, y artesanos que ofrecían su destreza a cambio de prosperidad.
Orléans: Big Box es un juego de mesa de la editorial Arrakis Games. En plena ebullición comercial y social de la Francia medieval tardía, encarnaremos a mercaderes que aspiran a alzarse como los más influyentes de la región. Para lograrlo deberemos ampliar nuestra red de contactos, reclutar a los mejores trabajadores, expandir nuestros puestos comerciales por distintas ciudades y gestionar con inteligencia los recursos a nuestra disposición.
| Número de jugadores: | 1 – 5 |
| Duración: | 90 minutos |
| Edad mínima: | 12 años |
| Género: | bag building worker placement movimiento por áreas acción simultánea |
| Complejidad: | 3,00 / 5 |
| Editorial: | Arrakis Games |
| Diseño: | Reiner Stockhausen |
| Ilustración: | Klemens Franz |
| Precio recomendado: | 179,96€ |

Índice
¿De qué va el juego de mesa Orléans: Big Box?
Orléans es un eurogame de peso medio en el que cada jugador gestiona su propio motor de juego mediante una mecánica conocida como bag building. A diferencia de los clásicos juegos de construcción de mazo donde se gestionan cartas (deck building), aquí cada jugador cuenta con su propia bolsita de la que extrae fichas en cada turno. En Orléans estas fichas representan a seguidores, que serán los distintos tipos de personas que van a trabajar para nosotros: granjeros, navegantes, artesanos, comerciantes, caballeros, monjes y eruditos, cada uno con sus propias habilidades.
La partida se desarrolla a lo largo de 18 rondas, y cada una de ellas sigue la misma secuencia de siete fases. Al inicio de cada ronda se revela una loseta de reloj de arena que determinará qué evento ocurrirá al final de esa ronda, algunos beneficiosos como el día del comercio, y otros perjudiciales como la terrible plaga. Tras ello se comprueba el censo, es decir, quién lidera el track de granjeros, para pagar o cobrar monedas.
A partir de ahí, los jugadores roban de sus respectivas bolsas un número de fichas de seguidor según su capacidad actual. Con esas fichas y las que les quedaran en sus mercados, todos los jugadores planifican simultáneamente sus acciones, colocándolas en los espacios de acción de su tablero personal. Este tablero pone a nuestra disposición todo tipo de edificios a utilizar durante la partida.

Cada uno permite realizar una acción concreta, como mover el mercader por el mapa, construir un puesto comercial, reclutar un nuevo seguidor o ganar recursos. Pero para activarlos es necesario poner en sus casillas de acción el conjunto específico de fichas de seguidor que requiere. Si no los tenemos disponibles esa ronda, simplemente no podemos activar ese edificio.
Tablero personal que puede mejorarse mediante fichas de tecnología, que ocupan permanentemente una casilla de acción y permiten activar ese edificio sin necesidad de aportar un seguidor de ese color en el futuro; y losetas de edificio, que nos dan la posibilidad de incorporar edificios con efectos especiales a nuestra zona de juego.
Una vez colocados ya no hay vuelta atrás. Los jugadores se van alternando para resolver las acciones activas que consideren oportunas hasta que todos hayan pasado. Se ejecuta el evento de la ronda y se pasa el turno al siguiente jugador inicial para jugar la siguiente, así hasta terminar la ronda 18.

Durante la partida, los jugadores irán ampliando su bolsa incorporando nuevos seguidores. Cada vez que se activa una acción de reclutamiento (pueblo, granja y universidad entre otros), la ficha correspondiente se añade a la bolsa y estará disponible en rondas futuras. Los monjes (fichas amarillas) son especialmente valiosos, ya que funcionan como comodín y pueden sustituir a cualquier otro tipo de seguidor.
También irán moviéndose por el tablero central, el cual muestra un mapa de la región de Orléans y sus alrededores. En él, los jugadores moverán a su mercader por medio de caminos y canales para acceder a nuevas ciudades, recoger mercancías (cereal, queso, vino, lana y brocado) y construir puestos comerciales. Estos puestos son claves para la puntuación final, ya que cada uno vale tantos puntos de victoria como el nivel de desarrollo alcanzado en el track correspondiente.
Al final de las 18 rondas se procede a la puntuación final. Se suman las monedas acumuladas (1 punto cada una), las mercancías en posesión según su valor (el brocado vale 5, la lana 4, el vino 3, el queso 2 y el cereal 1), y los puestos comerciales y losetas de ciudadano obtenidos, multiplicados por el nivel de desarrollo. Y el jugador con más puntos de victoria se alza como el mercader más influyente de Orléans.

Reseña del juego de mesa Orléans: Big Box
Cuando se habla de bag building es prácticamente inevitable que a uno no le vengan a la mente nombres como Pócimas y brebajes o este Orléans, y con razón. Una mecánica que no se ha explotado tantísimo hasta la fecha como sí lo han hecho los deck building, y en la que ambos juegos han sabido destacar. El primero con una acogida incuestionable y el segundo con algo más de controversia.
Desde la publicación del primer Orléans allá por 2014, este diseño del autor Reiner Stockhausen (quien está también detrás del gran Altiplano) ha tenido cuerda para rato, ya sea con numerosas expansiones sobre el juego o con versiones varias independientes, como la random draw and write de Juana de Arco que nos trajimos hypeados (y engañados) hace unos años de Essen.
La mecánica central de Orléans es genial por su sencillez. Meter la mano en la bolsa y ver qué seguidores nos han tocado y pensar qué hacer con ellos genera la tensión justa para que no resulte para nada agobiante, lo que además pica a seguir viendo qué saldrá en turnos posteriores. Pero al contrario de lo que podría parecer, el azar a la hora de extraer seguidores es hasta cierto punto corregible, recayendo en los jugadores la posibilidad de construirse una bolsa relativamente óptima.

Para ello contamos con 3 factores. Por un lado los monjes, comodines que nos vendrán de maravilla para cubrir algún apuro (hagámonos al menos con 2-3). Por otro lado, la posibilidad de «deshacernos» de aquellos seguidores que ya no necesitemos, enviándonos al tablero de acciones benéficas para que la bolsa no se nos vaya de madre, y de paso llevarnos algún bonus en forma de monedas y ciudadanos. Y por último, y no por ello menos relevante, están las fichas de tecnología, muy útiles para reducir el número de seguidores requeridos en edificios clave.
Nunca tendremos suficientes seguidores para hacer todo lo que nos gustaría, por lo que no queda otra que priorizar con cabeza. Esto hace que la carga estratégica en sí del juego sea más alta de lo que cabría esperar, lo que hace que el juego sea más estratégico de lo que esperado, de modo que las decisiones en torno al uso que demos hoy a nuestros seguidores determinen en gran medida las posibilidades de rondas posteriores.
Otro de los grandes aciertos de Orléans es la cantidad de acciones significativas que ofrece en cada ronda (teniendo en cuenta que estamos ante un juego de dureza media). A partir del puñado de seguidores del que dispongamos, debemos elegir qué acciones activar, cuáles dejar para más tarde y cómo anteponer entre objetivos que compiten entre sí. ¿Mover el mercader para recoger mercancías o mejor invertir en reclutar un nuevo seguidor que me dará más opciones en el futuro? ¿Construir un puesto comercial ahora o esperar a incorporar una tecnología que lo haga más «económico» luego?

La interacción entre jugadores es moderada e indirecta, generando un efecto carrera por conseguir determinados elementos. Algo que veremos de entrada en la disputa por los tan necesarios y finitos seguidores/tecnologías, pero que también apreciaremos en la adquisición de mercancías, la colocación de puestos comerciales por el mapa y la obtención de los mejores edificios especiales. Esto introduce una presión sutil pero real que nos obliga a no perder la pista a los adversarios y a reajustar ligeramente nuestra hoja de ruta si no queremos quedarnos sin algo antes de que se agote.
Y hablemos también específicamente de esta edición Orléans: Big Box. Los componentes son de una calidad estupenda que se asimila a la de los grandes mecenazgos deluxificados de los últimos años: monedas metálicas, elementos de madera detallados, bolsas bordadas, un inserto perfectamente organizado que reduce tanto el ruido visual como el tiempo de preparación y un manual claro y bien estructurado. Un producto que aglutina todas y cada una de las expansiones que hay del juego en un único señor cajote, haciendo que la experiencia de juego sea muy completa y gratificante.
Las expansiones Comercio e intriga y La plaga son, como siempre bajo mi punto de vista, un must que elevan a nivel general el juego base. Mientras que la restante, Invasión, es más que prescindible, pero ya puestos se agradece que esté (alguna vez la jugaremos). Cada expansión puede incorporarse por separado o combinarse entre sí, lo que permite personalizar la experiencia y añadir capas a la partida al gusto.

Pros
- Mecánica de bag building: la sensación de ver cómo nuestra bolsa y zona de juego personal evoluciona es muy gratificante. Además, el equilibrio entre azar y estrategia está muy bien calibrado.
- Edición de altísima calidad: la Big Box es un pasote. Componentes premium, inserto impecable y un único reglamento para todo el contenido. Merece la pena invertir en ella si estabas pensando en pillar el juego más alguna de sus expansiones.
- Big Box completísima: todas las expansiones, modos en solitario, cooperativo y competitivo además de escenarios con distintas dificultades. Una edición con contenido para todos los gustos y con cuerda para rato.
Contras
- Primeras rondas predecibles: la falta de variabilidad inicial puede restar algo de frescura a los grupos que conocen bien el juego y que lo sacan a mesa con cierta regularidad. Todos comenzamos con los mismos seguidores iniciales y es relativamente evidente qué tipos de seguidores conviene reclutar al inicio.
- Necesidad de expansiones: Orléans base se queda muy corto y cuenta con ciertos problemas que se solventan con algunas de sus expansiones, por lo que sí o sí es necesario pillarse alguna o lanzarse a por esta edición especial.
- El tamaño de la caja: Orléans: Big Box es enorme y pesa un quintal. Quien suela jugar fuera de casa con frecuencia o no disponga de mucho espacio en casa, que le dé una vuelta antes de hacerse con ella.
Mi veredicto
Y con esto cerramos la reseña de Orléans: Big Box. Juego que funciona estupendamente bien, que tiene su curvilla de aprendizaje pero a su vez ofrece la profundidad suficiente como para que los jugadores experimentados mantengamos interés en él. Uno de esos juegos de mesa que en su edición normal se queda un tanto descafeinado pero al que si le incorporas las expansiones que han ido saliendo consigue dar el salto de calidad necesario para despuntar, y ya si lo hace de la mano de una edición tan completa y cuidada en todos los sentidos, mejor que mejor. No aspira a ser el título más complejo ni el más innovador, pero lo que hace lo hace muy bien y con ese aroma a ya clásico. Por ello, le otorgo mi emblema de juego distinguido.




